La muñeca de trapo (dedicado a Belén)

rag dollCuando desperté, ella todavía estaba allí. El olor a almendras dulces de su loción impregnaba el ambiente y el precioso costurero estaba abierto, de par en par, mostrando la reluciente rueda de alfileres con sus cabezas multicolores. Ella sí que sabía mantenerlos como nuevos, guardados cuidadosamente dentro del pequeño universo de esa cesta color celeste que le habíamos comprado mi mamá y yo para un Día de las Madres. Seguir leyendo

Del amor cuasi centenario

Abuela BelénHoy es 13 de febrero. Queda un día para San Valentín y todo el despliegue romántico de restaurantes, hoteles y tiendas inundados en corazoncitos.
No vengo acá para hablar de ese amor con el que Cupido amenaza. Pero sí para dejar constancia de que uno de mis primeros amores, quizás con el que he sido más ingrata, está cumpliendo 99 años. Seguir leyendo

Cómo se hace una loca de los gatos (crónicas animaleras de quienes nos fuimos, II parte)

Él olfatea el aire con una sutileza que me descoloca. Entrecierra sus ojitos y deja ver su boca de fresa (como diría mi abuela, que tiene debilidad por los gatos de “boquita rosada”, quizás de tanto que leyó a Rubén Darío). Sayayín huele el guiso de pollo, tomate y cebolla que prepara I. en la cocina; a ratos, voltea a mirarme como preguntándome si no iremos a ver qué es lo que desprende aquel aroma tentador.

 

Sayi a la luz de la primavera

Sayi a la luz de la Primavera

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Masculino y femenino: ¿Una sola energía?

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Energías que se complementan. Foto: Igor Ovsyannykov

Entré en el pequeño salón con unas 12 o 15 mujeres más. Estaban sentadas en círculo, atendiendo a lo que decía la monitora del grupo: una abogada que hablaba sobre el acoso callejero. Me senté junto a S., una coach y terapeuta sistémica que me había invitado al espacio de igualdad María Zambrano, en Argüelles. Allí estábamos, escuchando las experiencias de todas en sus países de origen o en España. Casi todas habíamos sufrido, en carne propia o a través de la experiencia de hijas y familiares, lo que era ser acosada en las calles por desconocidos. Seguir leyendo

La ruta a casa

desde el patio, por Alfonzo

El techo desde mi patio

Para un inmigrante, la palabra hogar se vuelve más cálida, difusa y anhelada. Yo lo tenía claro al venir a España, hace ya cinco años (cumplidos el reciente y lluvioso 14 de octubre). Mi hogar sería donde me sintiera a salvo. Sería el lugar donde sembraría el corazón, transplantado desde mi país y la casa materna a una nueva tierra. Seguir leyendo

Las etiquetas, para el supermercado

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A veces, colgamos etiquetas sobre los otros sin darnos cuenta

#Misfachasqueridos

Hace dos semanas, me reuní con unos colegas con los que siempre tengo temas para debatir un rato. Nos conocemos desde hace tres años y somos inmigrantes con historias muy diferentes. Ella y él viven su segunda inmigración. Son autónomos y se han construido nombre y marca propios. Él, comunicador y asesor migratorio. Ella, periodista y creadora de comunidades digitales trabajadas a pulso.

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Periodista en el exilio

Con dos amigas, periodistas e inmigrantes reunidas en Madrid

Cada 27 de junio, Día del Periodista en Venezuela, me despierto con la satisfacción de pertenecer al gremio. Hace un mes he cumplido cinco años desde la última vez que trabajé en la redacción de un periódico que, además de enseñarme lo que significa formar parte de un engranaje tan grande como el de un medio de comunicación impreso, me dejó la certeza de que el periodismo no es solo una profesión, sino una manera de concebir el mundo.

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No te sorprendas

Bien es sabido que, cuando te mudas a otro país, las cosas cambian. Tú cambias. No serás el mismo tras el viaje, que no se termina con sólo llegar a tu nuevo hogar, desempacar las cosas y comenzar en tu nuevo trabajo, si es que emigras por motivos laborales.

Quienes tienen la fortuna de hacer una migración planificada (con casa previamente alquilada o con promesa de compra; contrato de trabajo y un buen colchón económico) también pasan por un proceso de adaptación, aunque sufran menos por facturas o tasas administrativas por pagar. Igual tendrás que amoldarte a tu nuevo cargo, a las costumbres, al clima, a la nueva vida.

Ahora: a quienes les ha tocado acudir a un plan B, C y D; a quienes les han cambiado las reglas del juego una y otra vez; quienes deben lidiar con temas administrativos, visados, permisos de residencia y gastos de vida sin contar, aún, con el ansiado empleo “estable” o emprendimiento que se deriva, entre otras cosas, de una regularidad administrativa, les digo: ánimo. Hay que ser constantes, pacientes, resilientes, humildes. Hay que moverse y confiar que los procesos que se abren, aunque parezcan estancados, siguen moviendo engranajes “tras bastidores”.

Y a quienes les rodean, les pido, con el corazón, no se sorprendan si la persona que se encuentra en una situación “inestable” desde el punto de vista administrativo o económico (que no tiene papeles ni empleo formal, vamos) les dice que le ha costado pagar tal o cual factura; si les cuenta, pese a que no ha querido hacerlo pero tú le has preguntado, que no tiene teléfono porque le han cortado el servicio y está viendo cómo pagarlo.

No te sorprendas si la persona tiene dos, tres o cuatro años en un país y aún no ha logrado su residencia, pese a sus intentos. No le digas “¿Todavía no?” si no ha podido ir de visita a su país o traer a alguno de sus familiares de vacaciones, o a vivir. Recuerda que cada quien libra sus “batallas” y tiene una circunstancia diferente.

Emigrar no es una carrera contra el tiempo ni una competición. Cada quien lo hace por motivos personalísimos y no es sano comparar ni compadecer a otro por el simple hecho de que “tú no podrías estar así”. Quizás esa persona tampoco imaginó que sería así, pero ha asumido una realidad que es TEMPORAL y que lo llevará a donde desee estar realmente.

Si estás en un trabajo que no es de tu área, pero es el que paga tu alquiler, comida y facturas; si has tenido que aceptar ayuda de amigos o no has podido hacer algunas cosas porque tu documentación actual no te lo permite, no decaigas. Estás creciendo. Estás aprendiendo. En un futuro, podrás devolver con creces esa ayuda. Habrás entendido el significado de la solidaridad y de los fuertes que somos cuando nos damos cuenta de que no estamos solos. Si no tienes dinero, se voluntario en alguna organización. Dona sangre, ayuda en tu comunidad, ponte a la orden para cualquier cosa en la que puedas hacer un aporte, por pequeño que sea. Disfruta tus oportunidades, porque siempre tendrás alguna a la mano. Se honesto, dale valor a tu palabra. Es un activo que no se devalúa y lo conservarás por muy dura que esté la situación.

Recuerda que estar en una situación “vulnerable” no te hace débil. Cuidado con confundir las cosas. Es tu oportunidad para reinventarte. Tienes derecho a decir no sin sentirte culpable, a no dar explicaciones personales si no deseas hacerlo. Todo esto es un preámbulo para que florezcas más fuerte, más consciente.

No te sorprendas el día que logres saldar tus deudas ni cuando vayas a extranjería a buscar tu documento. Sonríe y agradece.

No te sorprendas si nos encontramos en la entrada 🙂