La verdadera jornada laboral femenina

Este es un post que he tenido desde hace un tiempo en la punta de los dedos y que hace unas mañanas, de camino al trabajo, retumbó en mi cabeza al leer una nota del diario 20Minutos en el bus.

El artículo, titulado El reparto desigual en las tareas del hogar, germen de la brecha laboral en Españahabla sobre las “responsabilidades” de la mujer en el hogar, lo cual se suma, en esfuerzo, a las horas de jornada laboral, sin suponer retribución económica adicional. Esta diferencia contribuye al aumento la brecha laboral entre hombres y mujeres.

En algunos casos, la inmigración en pareja resulta ser un detonante que agrava esta circunstancia. ¿Por qué digo esto? Porque la dinámica familiar se modifica al trasladar las vidas de cada quien a un nuevo escenario. Más aún si ambos comenzarán “desde cero”, fuera de su zona de confort.

En mi caso, dejé mi vida de periodista de viajes, empleada por uno de los periódicos más prestigiosos de Venezuela, para apostar por un destino con una calidad de vida que anhelaba. Quería trabajar en otro mercado, moverme por  Europa, caminar -sin miedo- por las calles, mudarme con mi pareja y hacer vida en común con ella. Todo se ha dado, sí. Aunque no sea de la forma que imaginé.

Conseguir trabajo en un país extranjero, hacerse un sitio dentro del “gremio” y competir con los ciudadanos nativos puede tornarse una tarea doblemente ardua si se le suma el hecho de ser mujer en edad “reproductiva”, con hijos o con ciertas características, como presentar algún tipo de situación de vulnerabilidad o de riesgo de exclusión social.

Es así como he pasado por variados oficios, dentro de los que se cuentan relaciones públicas (una suerte de “promotora” que se encarga de “llevar” gente a locales y restaurantes); asistente, recepcionista/comercial en una academia; canguro (niñera), público de programas y camarera. He hecho pequeños trabajos como periodista, pero ninguno que ofreciera la estabilidad que los inmigrantes buscamos en los primeros años de nuestro periplo. 

Me gano la vida como camarera desde hace seis meses. Allí cuento con un contrato indefinido, cotización en la seguridad social y un horario fijo. Aunque -en teoría- trabajo seis horas al día, de lunes a viernes (los sábados suelo trabajar de ocho a diez horas), llegar a casa supone comenzar una nueva jornada laboral. A veces comienza antes de atravesar la puerta. Hacer la compra de artículos de limpieza que hacen falta puede demorar mi entrada a casa. Claro, no me pesa hacerlo porque es mi casa y me interesa que esté limpia, pero… ¿es sólo a las mujeres a quienes nos interesa que haya limpiador para el váter? ¿O que haya suficiente detergente, bolsas para la basura o papel higiénico?

Claro que no somos las únicas interesadas. Tampoco quisiera caer en una generalización y decir que los hombres no contribuyen con este tipo de compras o se interesan por ellas. Pero, la verdad, es que cada vez que converso con mis amigas, parece que somos las mujeres quienes estamos al tanto de lo que se necesita en casa. Lo mismo suele ocurrir con las tareas de limpieza y las responsabilidades con los hijos.

Mi amiga M, madre de una preciosa nena, llegó a sentirse muy agobiada con respecto a las responsabilidades en su trabajo y en el hogar. Pese a que su esposo se involucraba activamente con los cuidados de la niña, era M. quien solía pedir permiso en el trabajo para ausentarse cuando su hija se enfermaba; quien averiguaba sobre los colegios que más se adecuaban a los valores que deseaban inculcar a la pequeña y quien solía dar la cara por las tareas del hogar. Ambos trabajaban, sí, y el horario de él era bastante complicado por tratarse de un puesto en un restaurante. Pero era M quien, con dos trabajos, hacía malabares para compaginar todas sus actividades.

Como M, hay muchas. En mi caso, no hay hijos, pero sí el sentimiento de mantener un hogar en un orden “aceptable”. Al menos, aceptable para mí. Porque también existe la idea de la casa impoluta, que espera por los fotógrafos de la revista AD (que, siendo sincera, creo que es mi fantasía oculta). Antes de salir del nido materno, no sabía cocinar; no era ni de cerca una ama de casa perfecta y no consideraba la limpieza de la casa como parte de una rutina. Secretamente, pensaba que, cuando yo tuviera “mi casa”, la tendría bonita a mi modo, con mi estilo y mis normas.

Es así como hay días en los que llego exhausta, con ganas de sentarme a ver televisión, comer y no levantarme hasta la hora de dormir; o que me escapo a un parque o a un café a disfrutar de una merienda y una lectura que me aleje de las responsabilidades que me esperan fuera de la jornada laboral. Otras veces la voz de la conciencia me obliga a limpiar de una vez por todas la cocina, el baño, barrer, quitar el polvo de los muebles. No es una tarea exclusivamente mía, pero me cansa esperar que el otro lo haga cuando no parece interesarse por ello.

El cansancio de ambos es real, pero sólo uno parece querer ocuparse de ello realmente. Insisto: se trata de un post muy personal que habla sobre las tareas y vocecillas que persiguen a las mujeres por el hecho de serlo, aunque no quiera decir que todas pasen por lo mismo o que sus parejas las obliguen a encargarse, de manera exclusiva, a las tareas del hogar. Ser mujer te puede condicionar a una agenda o calendario riguroso que, cual recordatorio de móvil, va activando pequeñas alarmas de lo que “debes” hacer. Así que, mujer, te invito a preguntarte: ¿Cuándo finaliza tu jornada laboral? ¿Cuánto tiempo inviertes en hacer lo que te gusta? ¿En formarte profesionalmente? ¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste de un tiempo para ti? ¿Crees que cobras lo justo en tu trabajo con respecto al tiempo que inviertes?

Espero que tus respuestas puedan ayudarte a identificar y modificar patrones con los cuales no te sientas tan a gusto en tu vida profesional y personal.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s